Para el sociólogo berlinés Andreas Knie, "estamos ante un proceso
imparable" que no se limita a las grandes ciudades o a sus barrios
acomodados como Prenzlauer Berg, donde según el Senado (Gobierno
regional) las bicicletas suponen el 40% del tráfico. La relación de los
alemanes con sus automóviles "lleva casi 20 años enfriándose". Es
generacional: las calles están saturadas de coches. Su valor como símbolo de estatus o como logro personal
tiende, así, al cero. Pincha aquí para seguir leyendo.
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